La discriminación detrás del algoritmo

by Ramón Flores

urbezoom_a

Mientras navegamos entre la tradición de las comunidades gitanas y nuestra relación con la tecnología, observamos un fenómeno perturbador: la discriminación que este pueblo ha enfrentado durante siglos no ha desaparecido en la era digital—simplemente se ha transformado, ocultándose en los algoritmos que gobiernan nuestras vidas.

En el Día Internacional contra el Racismo, el mundo reflexiona sobre las manifestaciones evidentes de discriminación, pero existe una nueva frontera del prejuicio que permanece casi invisible: el racismo integrado en los sistemas de inteligencia artificial que ahora toman decisiones cruciales sobre nuestras vidas, desde la concesión de préstamos hasta la selección de candidatos para empleos.

Cuando buscamos términos como «gitano» o «romaní» en Google, las sugerencias automáticas revelan inmediatamente el problema: estos términos aparecen persistentemente asociados con «robos», «estafas» o «problemas». Esto no es una casualidad tecnológica, sino el resultado directo de sistemas entrenados con datos históricos impregnados de prejuicios.

Ya la investigación de Safiya Noble en Algorithms of Oppression (2018) nos daba una pista sobre lo que se avecinaba. Este estudio documenta lo que experimentan muchas personas diariamente: al buscar términos racializados como «chicas negras», los resultados son predominantemente sexualizados y degradantes, mientras que las búsquedas de «chicas blancas» ofrecen representaciones mucho más dignas y diversas. Este mismo patrón discriminatorio afecta a la comunidad gitana en el ecosistema digital.

La discriminación perpetuada por la inteligencia artificial va mucho más allá de los motores de búsqueda. Los grandes modelos de lenguaje y los sistemas de IA generativa, cada vez más presentes en procesos de selección laboral, concesión de créditos y asignación de recursos públicos, crean barreras invisibles pero infranqueables para la comunidad gitana, reproduciendo sesgos históricos con una nueva capa de aparente objetividad tecnológica.

En las redes sociales, experimentamos lo que llamo «moderación selectiva». Expresiones culturales gitanas son frecuentemente marcadas como «inapropiadas», mientras que el contenido antigitano permanece accesible bajo el amparo de la «libertad de expresión». Incluso las tecnologías de vigilancia presentan tasas de error significativamente más altas cuando analizan rostros de personas gitanas, exponiendo a la comunidad a riesgos adicionales en contextos de seguridad donde ya sufren una vigilancia desproporcionada.

La crueldad de esta discriminación digital reside en su paradoja: mientras la imagen estereotipada es hipervisible en el ecosistema digital, las voces auténticas permanecen sistemáticamente silenciadas.

Los sistemas de IA que controlan qué contenido se vuelve viral y cuál permanece invisible raramente promueven voces gitanas auténticas. Estos modelos de inteligencia artificial, entrenados con corpus de datos que infrarrepresentan nuestras experiencias, sistemáticamente suprimen nuestras narrativas mientras amplifican contenidos estereotipados sobre nuestra comunidad.

Las bases de datos que alimentan los sistemas de IA contienen, predominantemente, imágenes estereotipadas o folclóricas de gitanos, con escasa representación de nuestra diversidad profesional, académica y social actual.

Cuando una niña gitana busca imágenes de «médicos», «científicos» o «empresarios» y no puede verse representada, el mensaje implícito sobre su potencial futuro resulta devastador. Me pregunto cuántos talentos de la comunidad nunca alcanzarán su pleno desarrollo porque un algoritmo les sugirió, sutil pero persistentemente, que ciertos caminos no estaban destinados a ellos.

Sin embargo, existe esperanza. En esta fase temprana, aún estamos a tiempo de desarrollar formas innovadoras de resistencia digital. Desde la creación de conjuntos de datos más representativos hasta auditorías ciudadanas de algoritmos; debe surgir un movimiento para descolonizar el espacio digital y reclamar una narrativa propia. El Consejo de Europa ha comenzado a reconocer la necesidad de evaluaciones de impacto étnico en el desarrollo tecnológico, aunque estas medidas resultan insuficientes sin la participación directa de las comunidades afectadas.

Necesitamos un enfoque integral que incluya auditorías independientes específicas para modelos de IA, con métricas claras sobre su impacto en comunidades marginadas como la gitana, mayor diversidad en los equipos que desarrollan y entrenan estos sistemas de inteligencia artificial, acceso prioritario a educación en IA para nuestras comunidades, y marcos regulatorios que exijan no solo transparencia sino responsabilidad por el daño que estos sistemas pueden causar cuando reproducen sesgos históricos.

La tecnología no es inherentemente discriminatoria, pero tampoco es naturalmente justa. Los modelos de IA amplifican y perpetúan los sesgos presentes en sus datos de entrenamiento, y cuando estos datos reflejan siglos de marginación del pueblo gitano, el resultado es una discriminación automatizada y a escala sin precedentes, ahora legitimada por una falsa aura de objetividad matemática.

El código se ha convertido en el nuevo lenguaje del poder y debe ser sometido al mismo escrutinio crítico que aplicamos a otras estructuras sociales. La justicia social en el siglo XXI debe incluir también la justicia algorítmica. Solo así podremos asegurar que la revolución digital no reproduzca las mismas jerarquías étnicas que han marcado nuestra historia colectiva.

Ya en Cataluña, entidades como Rromane Siklovne están explorando activamente esta problemática, investigando los sesgos algorítmicos que afectan a nuestra comunidad y explorando cómo desarrollar metodologías para documentar y contrarrestar la discriminación digital, marcando un camino prometedor hacia la justicia algorítmica desde nuestra propia perspectiva.

La identidad gitana y nuestra educación tecnológica nos sitúan en una posición única para observar esta discriminación evolutiva. Vivir esta dualidad nos debe enseñar que los prejuicios más peligrosos son aquellos que se ocultan tras una fachada de objetividad. Y en el día de hoy, dedicado a confrontar el racismo en todas sus formas, es imprescindible recordar que la lucha por la igualdad debe extenderse también a los algoritmos que, silenciosamente, están dando forma a nuestro futuro común.

 

Empoderamiento y Fe: El Rol de la Mujer Gitana en la Transformación Social

by Aaron Giménez Cortés

junior-reis-44XjKd_FfY0-unsplash

A lo largo de la historia, las mujeres han desempeñado un papel clave en la transformación social, a menudo desde posiciones invisibilizadas. En el caso del pueblo gitano, marcado por siglos de discriminación y lucha por la dignidad, las mujeres han sido agentes fundamentales de cambio. Este artículo explora cómo, a través de la Iglesia Evangélica de Filadelfia, las mujeres gitanas han impulsado transformaciones profundas en la comunidad de Manresa, desafiando prejuicios y promoviendo nuevas dinámicas sociales y espirituales.

El pueblo gitano ha sido históricamente perseguido y estigmatizado en España, enfrentando más de 250 pragmáticas de exclusión, desde 1499 hasta 1749, destacando en este periodo el intento de exterminio del pueblo gitano llamado La Gran Redada. En este contexto de exclusión, la comunidad ha desarrollado estrategias de resistencia, entre las que se encuentra la adhesión al cristianismo evangélico, un movimiento que ha crecido de forma exponencial en las últimas décadas y que ha tenido un impacto significativo en la estructura social de las comunidades gitanas.

La Iglesia Evangélica de Filadelfia ha jugado un papel central en la identidad gitana contemporánea, promoviendo valores de unidad, transformación personal y social. Esta iglesia ha sabido adaptar su estructura y mensaje a la cultura gitana, permitiendo que sus miembros encuentren en ella un espacio de pertenencia y empoderamiento. La integración del evangelismo en la vida gitana ha llevado a la adopción de principios que favorecen la convivencia, la erradicación de la marginalidad y la educación como herramienta clave para el desarrollo de la comunidad.

La Tía Teresina fue una figura clave en las transformaciones de la comunidad gitana de Manresa

La Tía Teresina fue una figura clave en las transformaciones de la comunidad gitana de Manresa

En Manresa, la llegada del evangelismo en los años 70 marcó el inicio de una transformación social liderada por mujeres. Uno de los nombres clave en este proceso fue el de Teresa Hernández Pubill, conocida como la Tía Teresina, quien se convirtió en una figura de autoridad moral dentro de la comunidad a través del impulso de la Iglesia Evangélica de Filadelfia en Manresa.

La Tía Teresina fue una de las primeras mujeres en adoptar el evangelismo y, a través de su liderazgo, promovió la consolidación de la Iglesia Evangélica de Filadelfia en Manresa. Su perseverancia y compromiso fueron esenciales para mantener viva la congregación en sus primeros años, asegurando su sostenibilidad económica y su expansión entre la comunidad gitana local. Además de su influencia religiosa, su labor social ayudó a cohesionar a la comunidad, promoviendo la resolución de conflictos internos y el fortalecimiento de los lazos familiares bajo principios cristianos.

El impacto de esta transformación no solo se limitó al ámbito religioso, sino que también afectó áreas fundamentales como la educación y la igualdad de género. Las mujeres gitanas, al encontrar en la iglesia un espacio de liderazgo y reconocimiento, comenzaron a asumir roles de mayor responsabilidad en la comunidad, rompiendo estereotipos que las vinculaban exclusivamente al ámbito doméstico. Este liderazgo femenino contribuyó a generar conciencia sobre la importancia del acceso a la educación y al empleo, factores clave en la lucha contra la exclusión social.

La figura de la Tía Teresina es un claro ejemplo de cómo las mujeres gitanas han sido agentes de cambio. Su papel trascendió la esfera religiosa y se convirtió en un modelo de empoderamiento dentro de la comunidad. Su liderazgo no solo fortaleció la iglesia, sino que también promovió valores de educación, respeto y superación personal entre los gitanos de Manresa. Gracias a su incansable labor, muchas mujeres se sintieron inspiradas a involucrarse en la iglesia y en iniciativas comunitarias que promovían el bienestar y la cohesión social.

A través del evangelismo, muchas mujeres gitanas han encontrado herramientas para transformar sus vidas y las de sus familias. La comunidad evangélica ha fomentado la formación académica de los jóvenes, contribuyendo a la presencia de gitanos en la educación secundaria y universitaria, algo poco común en décadas pasadas. Además, ha sido un espacio donde la mujer ha podido ejercer su liderazgo sin los límites impuestos por otras estructuras tradicionales. En este sentido, la iglesia se ha convertido en un motor para la movilidad social, ofreciendo a las mujeres oportunidades que antes les estaban negadas.

Otro aspecto clave ha sido el papel de la iglesia en la erradicación de hábitos perjudiciales dentro de la comunidad. El evangelismo promovió cambios significativos en la vida cotidiana de los gitanos, fomentando el abandono del consumo de drogas y alcohol, así como la reducción de prácticas violentas. Este proceso ha sido liderado principalmente por mujeres, quienes han servido de ejemplo y guía dentro de la comunidad.

El caso de la Iglesia Evangélica de Filadelfia en Manresa demuestra que el cambio social dentro de la comunidad gitana ha estado, en gran medida, impulsado por mujeres. A través de su compromiso y liderazgo, han logrado transformar estructuras y valores, rompiendo con estigmas y promoviendo nuevas oportunidades para las futuras generaciones.

Las mujeres gitanas han sabido utilizar los espacios disponibles para generar transformaciones desde dentro, como lo hizo la Tía Teresina en Manresa. Su historia es testimonio del poder de la mujer gitana como agente de cambio, y un ejemplo inspirador de resistencia y transformación social. A través del evangelismo, lograron redefinir su papel dentro de la comunidad, fomentando el desarrollo y la igualdad, y sentando las bases para un futuro en el que la educación y la inclusión sean pilares fundamentales para el pueblo gitano.

 

 

 

Bibliografía

Amador, J. (2016). La “Roma response” al modelo reproduccionista. La educación, nuestra escalera para la transformación social.International Journal of Sociology of Education, 5 (2), 144–163.

Amador, J. (2017). Guerreras de Cristo. Aportaciones de Mujeres Gitanas a la Transformación Social Desde la Iglesia Evangélica Filadelfia.

Cantón, M., Marcos, C., Medina, S. & Mena, I. (2004). Gitanos Pentecostales. Una mirada antropológica a la Iglesia Filadelfia en Andalucía. Signatura Demos.

Castells, M. (2004). Globalització i identitat. Una perspectiva comparada. IDEES. Revista de temes contemporanis, (21), 17-28.

Cortés, A. G., Martínez, D. C., & Mesa, A. C. (2019). Identidad y Origen del Pueblo Gitano. International Journal of Roma Studies, 1(2), 159-184.

Durkheim, E. (1982). Las formas elementales de la vida religiosa(Vol. 38). Ediciones Akal.

Flecha, R., Gómez, J., & Puigvert, L. (2010). Teoría sociológica contemporánea. 1ra ed. Vol. 149.

La verdad inventada

by Francisco Suárez Montaño

Francisco Suárez Montaño

A estas alturas, y a mis años, aún sigo preguntándome cual fue el   verdadero motivo por el que los gitanos tuvimos que abandonar nuestro lugar de origen: un lugar que según dicen, es un país donde el sol sale detrás de una oscura montaña, que allí, vivíamos felices bajo la tienda azul del cielo cuidando de nuestra familia y de nuestros caballos, pero que una noche, los malvados jinetes blancos del Norte quemaron nuestras casas y pasaron a cuchillo a viejos, mujeres y niños, y que desde entonces, no nos atrevemos a permanecer mucho tiempo en un mismo lugar.

Historiadores e investigadores de reconocido prestigio nos sitúan en el Punjab, una de las regiones más hermosas y ricas de la India. Nos informan que nuestro idioma es nieto del sánscrito, que nuestra cultura pertenece a la de Harappa y Daro, una de las más antiguas que se conocen, y que salimos de allí alrededor del año 1000 de nuestra era, y que errantes, no hemos parado de buscar ese lugar que nos recordara la dicha que perdimos. Y aún, a estas alturas, y a mi edad, sigo preguntándome por qué durante ese largo período de itinerancia no decidimos volver a ese lugar perdido y añorado. ¿Por qué? Alguna razón de peso tiene que haber. Parece ser que se trató de constantes invasiones y atroces guerras fronterizas y religiosas. Siempre las guerras haciendo de las suyas enviando al exilio y a la muerte a millones de inocentes.

Las naciones no existen si no tienen su propia historia. Por eso, a estas alturas, y a mi edad, sigo preguntándome: ¿Cuál es la nuestra? Y siempre, aunque no quiera reconocerlo, me respondo. Nuestra historia es la Historia universal de la infamia. 

Sabemos que la historia de cada país, etnia o grupo social está condicionada por puntos de vista, interpretaciones interesadas o verdades inventadas, y que la palabra historia carece de significado y contenido si no está relacionada con lo otro, con los otros y la otredad.

Cuenta el escritor alemán Bertold Brecht, que un día, paseando por una calle del centro de Berlín, un coche chocó contra una farola. Los testigos que presenciaron el accidente le contaron a la policía lo que cada uno de ellos había visto. Una mujer joven, bastante alterada, declaró que al coche le habían fallado los frenos. Un hombre mayor dijo con aplomo que el conductor iba bebido: había hecho unas eses arriesgadas antes de invadir la acera, y finalmente, una viejecita encantadora, con gafas de cristales culovaso, declaró que no había farola.

Quedó claro que el coche había chocado. Fue un hecho constatado. Pero las versiones de los testigos crearon otras verdades tan diversas como opiniones y puntos de vista subjetivos y dispares.

Si esto lo aplicamos a lo que conocemos como verdad oficial nos encontramos con una verdad compartida y aceptada aunque sujeta siempre a múltiples y a divergentes interpretaciones. Y si además lo aplicamos a la Historia de España, podemos comprobar que, su historia está sustentada en muchos casos en la construcción de verdades alternativas o inventadas con la finalidad de crear el antecedente de una identidad nacional.

Muchos de los hechos documentados en las crónicas de cada época, están basados o inspirados en verdades enfrentadas casi siempre, tras contiendas bélicas e ideológicas, por los vencedores.

La historia la escriben siempre los vencedores.

Pongo un ejemplo que todos conocemos.

Se nos presenta al famoso personaje del Cid, uno de los héroes primigenios más admirados de la historia de España, como el libertador que, con su valor discutible de gran estratega, venció y expulsó a quienes, por entonces, tras ocho siglos de convivencia, no eran considerados españoles. La conclusión a la que han llegado algunos historiadores es que ese figurón, no existió. Una verdad inventada basada en un hermoso poema anónimo. Sin embargo, su figura se convirtió -para muchos, no para todos-, en un héroe que logró acabar con el dominio político de una cultura que en verdad fue la que determinó su identidad. Su alargada sombra aún campea en la mente y en el corazón de tantos que siguen creyendo que las naciones se levantan, se forman y legitiman con el perverso objetivo de la limpieza étnica.

Sin embargo, si estas consideraciones las aplicamos a la historia oficial de nuestra etnia, nos encontramos solamente, y digo solamente, con hechos refrendados en documentos oficiales donde no caben versiones, puntos de vista o interpretaciones de ningún tipo.

Estos son los hechos oficiales:

El primer documento que se conoce de nuestra presencia en la Península ibérica es el salvoconducto otorgado por el rey Alfonso V de Aragón, a Juan de Egipto Menor, el 12 de enero de 1425.

Dice:

“Yo, Alfonso V, a todos y cada uno de mis nobles, amados y fieles nuestros y sendos gobernadores, justicias, alcaldes, tenientes de alcalde y otros oficiales y súbditos nuestros, e incluso a cualquier guarda de puertos y cosas vedadas en cualquier parte de nuestros reinos y tierras: ¡Salud y dilección! Como nuestro amado y devoto don Juan de Egipto Menor, cuenta con nuestro permiso de ir a di- versas partes, y que debiendo pasar por algunos de nuestros reinos y tierras, queremos que sea bien tratado y acogido, así que a todos y a cada uno de vosotros os decimos y mandamos expresamente, bajo pena de nuestra ira e indignación, que el mencionado Juan de Egipto Menor y los que con él fueren y lo acompañaren con todas sus ropas, cabalgaduras, bienes, oro, plata, alforjas y cualesquiera otras cosas que lleven consigo, sean dejados ir, estar y pasar por cualquier ciudad, villa, lugar y otras partes de nuestro señorío y queden a salvo y seguridad, proveyendo y dando a estos, pasajes seguros y siendo conducidos cuando el mencionado don Juan lo re- quiera a través del presente salvoconducto nuestro.

Firmado en Zaragoza con nuestro sello, el día doce de enero del año del nacimiento de nuestro Señor: 1425. Alfonso, rey.”

Este bendito salvoconducto nos permitió vivir uno de los períodos más pacíficos de nuestra itinerancia y de nuestra historia. Fueron años de convivencia y que según las anales de la época supuso el reconocimiento de la diversidad de las culturas musulmana, judía, cristiana y gitana. Pero esta fortuna duró apenas un siglo, ya que en 1499, bajo el reinado de los mal llamados Reyes católicos, se promulgó y firmó, sin que les temblara la mano, la primera pragmática antigitana. Esos años de tolerancia mudaron en una de las pesadillas más cruentas que los gitanos podemos recordar.

Dice la Pragmática de 1499.

“Mandamos a los egipcianos que andan vagando por nuestros reinos y señoríos con sus mujeres e hijos, que del día en que esta ley fuera notificada y pregonada en villas, lugares y ciudades, salgan de nuestros Reinos y no vuelvan a ellos en manera alguna so pena que si fueren hallados o tomados, le den a cada uno cien azotes por primera vez y los destierren perpetuamente de estos Reinos, y por segunda vez que les corten las orejas y estén sesenta días en cadena y los tornen a desterrar. Y por la tercera vez, que sean cautivos por toda la vida.”

Desde entonces, nuestra larga presencia en este país se apreció en pocos casos, pues siempre se tomó como una invasión de indeseables. Por ello, no nos quedó más remedio que iniciar una constante dispersión y ocultamiento de nuestra identidad, propiciados por reiteradas persecuciones y premeditados, genocidios.

Durante tres siglos consecutivos, y también, sin que les temblara la mano, se firmaron 28 pragmáticas por los absolutistas Austrias y Borbones. Un acoso permanente que terminó promulgando la más adversa de todas ellas: La Gran Redada contra los gitanos en 1749.

La Gran Redada, conocida oficialmente como Prisión general de gitanos, fue el intento de exterminio de los gitanos que vivían en España. El proyecto, ideado y dirigido por el marqués de la Ensenada, ministro de Fernando VI, consistía en recluir separadamente a los hombres de las mujeres para que no pudieran reproducirse y conseguir así su extinción. Se inició en la madrugada del 31 de julio de 1749 y prosiguió durante los días siguientes. Manuel Ángel del Río Ruiz, de la Universidad de Sevilla, lo ha calificado como un proyecto de disolución y de exterminio cultural, mientras que José Luis Gómez Urdáñez, de la Universidad de la Rioja, lo ha considerado como un proyecto genocida. Antonio Domínguez Ortiz ya había afirmado en 1976 que Ensenada planeó un verdadero genocidio.

Durante el criminalísimo siglo XX ocurrió uno de los sucesos más abominables que una mente humana puede llegar a concebir. Para ello, tomo el testimonio de un hombre bueno y un gran poeta al que tuve el privilegio de tenerlo como amigo.

Cuenta Félix Grande cuando visitó Auschwitz.

“La decisión de exterminar a los gitanos fue tomada a mediados de 1942, tras la conferencia de Wansee, una de las reuniones más inmundas, si no la más inmunda de la historia de nuestra especie. A finales de ese año, miles de gitanos fueron asfixiados con monóxido de carbono, dentro de furgones herméticos. También eran usados como ratas para saciar la curiosidad científica que los nazis llamaban, experimentos. Además de inyectarle agua salada en el hígado para reventárselo, le inyectaban virus del tifus y para acabar con ellos le hacían aspirar gas mostaza.

Josef Mengele, médico alemán y oficial de las SS fue el que determinó la Solución final enviando a las cámaras de gas a más de cuatrocientos mil gitanos. Mengele sentía particular fascinación por probar el éxito de sus experimentos para demostrar la superioridad de la raza aria.

Cuenta Sara Nomberg, una escritora judía que presenció uno de los hechos más siniestros que una mente humana ha llegado a realizar. ‘Nos levantamos de un salto y nos pusimos firmes cuando entró Mengele en el Barracón con un niño de la mano, de unos cinco años de edad. Puso una silla en el centro y se sentó en ella con el gitanillo en sus rodillas. Le mandó que cantara canciones de su familia, canciones de una inolvidable melodía. El niño era una belleza. Vestido con un vistoso uniforme blanco, pantalones largos y una chaqueta con botones dorados, y una corbata roja. Hechizados, mirábamos fijamente a aquel precioso pequeño. Mengele disfrutaba tanto que lo besaba y abrazaba. Ha sido muy bonito. Dijo. Al final de la actuación le regaló una caja de bombones. Por la noche, el gitanillo murió envenenado. Aquello fue espantoso’.

En 1943, ya no se desperdiciaba gas, ni balas ni bombones… A los niños los agarraban por los tobillos y le machacaban la cabeza contra los troncos de los árboles.

Concluyo con un dato extraordinariamente triste. Entré en el Barracón número 13 hacia las dos de la tarde. Al contrario que en otros barracones, casi todos muy visitados, al Barracón de la memoria del genocidio gitano aquel día no entró nadie a visitarlo.

Durante varias horas estuve solo sin que nadie entrara. Cansado de tanta espera salí huyendo de aquella terrible soledad, de aquel asombro, de aquel suceso fuera de la razón. Por la noche, el insomnio se apoderó de mí y no fui capaz de llorar ni de blasfemar contra Dios por haber permitido esta injusta masacre. Y pensé: muy pocos ciudadanos del mundo han venido a honrar a más de medio millón de gitanos asesinados.

Oscuro racismo de una sociedad que no acaba de entender todavía que el dolor nos pertenece a todos por igual. Que nadie entrara a visitar el Barracón número 13 supone y confirma claramente que el antigitanismo sigue estando presente.”

Estos hechos cometidos en diferentes etapas contra nuestra vivencia no son sino la aplicación de unas leyes creadas exprofeso para controlar, procesar y acabar con nosotros. Esto supuso y supone todavía, la legitimación del poder político contra nuestra libertaria conducta. En estas leyes queda establecida y conformada nuestra identidad y nuestra historia. Y si echamos mano de documentos, informes, estudios y libros que sobre nosotros se dictaron y excribieron, podemos asegurar que casi todos ellos no son sino libelos que contienen y expresan de modo rotundo la más aviesa ideología racista.

Leo los artículos cuarto, quinto y sexto del Reglamento de la Guardia civil firmado por Franco en 1942. Otro al que no le tembló la mano.

Artículo 4º)

Se vigilará escrupulosamente a los gitanos, cuidando mucho de reconocer todos los documentos que tengan, confrontar sus señas particulares, observar sus trajes, averiguar su modo de vivir y cuanto conduzca a formar una idea exacta de sus movimientos y ocupaciones, indagando el punto al que se dirigen en sus viajes y el objeto de ellos.

Artículo 5º)

Como esta clase de gente no tiene por lo general residencia fija y se traslada con frecuencia de un punto a otro, conviene tomar de ellos todas las noticias necesarias para impedir que cometan robos de caballerías o de otra especie.

Artículo 6º)

Está mandado que los gitanos lleven, además de cédula personal, la patente de Hacienda que los autorice para ejercer la industria de tratantes en caballerías. Los que no vayan provistos de este documento serán detenidos y puestos a disposición de la autoridad competente como infractores de la ley.

Ciertamente no hemos tenido demasiadas ocasiones para poder contar nuestra historia porque nuestra visión personal del mundo y de las cosas del mundo siempre fue y sigue siendo mutilada y sometida al silencio. Ha sido el otro y los otros los que hablaron y hablan sobre nosotros sin apenas conocernos, y siempre, con una verdad sesgada y secuestrada por puntos de vista interesados. De nosotros se ha dicho y se continúa diciendo lo más espantoso que se puede decir: un discurso donde se nos atribuyen cualidades negativas por el mero hecho de ser gitanos. Se nos expulsó, se nos condenó y se nos intentó erradicar del mapa, y a día de hoy, seguimos arrimados y vinculados a los márgenes de una sociedad que aún nos sigue concibiendo y tratando como perpetuos inmigrantes y no como ciudadanos de pleno derecho. Estos son los hechos oficiales y nadie puede rebatirlos. Ahí están. Hechos, que a estas alturas, y a mi edad, solo pueden calificarse, como la Historia universal de la infamia.

Sin embargo, existen otros documentos no oficiales que han permitido el reconocimiento vivo de nuestra supervivencia. Estos documentos son y significan nada más y nada menos que la Historia universal de la resistencia.

Decía Gabriel García Márquez, que solo el arte nos salva y nos hace iguales. Bastaría recordar el fascinante personaje de Melquíades en Cien años de soledad. Un sabio gitano que consigue curar a todo un pueblo de la enfermedad del olvido. O como tantos otros que desde lo meramente artístico crearon otra realidad favorecedora: Shakespeare, Víctor Hugo, Pushkin, Tolstoi, Pessoa, Kusturica, Petrovic, Durik, o como Lorca que en su Romancero gitano nos convirtió en unos héroes admirables venciendo a las sombras negras de la aversión y la muerte. Sus poemas nos alivian de tanta crueldad y nos colocan en ese lugar donde el mito revela otra realidad.

Decía Lorca de nosotros.

“El gitano es lo más elevado, lo más profundo y lo más aristocrático de mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad universal.”

Cuando Federico publicó el poema del Romance de la Guardia civil española en 1928, no pudo imaginar que ese poema se convertiría en uno de los cargos que le imputaron para su posterior asesinato.

Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.
¡Oh, ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.
Cuando llegaba la noche,

noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido,
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa.
¡Oh, ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
Apaga tus verdes luces
que viene la Benemérita.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.
Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo, se les antoja,
una vitrina de espuelas.
La ciudad libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entran a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de monedas.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás fugaces
remolinos de tijeras.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
¡Oh, ciudad de los gitanos!

La Guardia Civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.
¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
juego de luna y arena.

Entre los años 1850 y 1950, a pesar de todas las fatigas que tuvimos que soportar, los gitanos tratantes crearon una economía mercantil y competitiva con el trato de las bestias. Con el saber hacer del superviviente, concertaron con los agricultores y ganaderos de cada región y comarca una cadena de relación, no solo provechosa para ambos, sino un estimulante servicio comunal. Durante esa etapa, las familias gitanas se incorporaron de forma natural a una sociedad necesitada de recursos, y así los gitanos, con su reconocida y excepcional sapiencia del trato, consiguieron ser dueños de su propio destino. Esto les valió el prestigio y respeto que hoy, hijos y nietos, recordamos con orgullo como la centuria dorada de los gitanos. Pero todo cambia. Solo la mudanza es firme: los ciclos de la historia lo confirman. La irresistible ascensión de los caballos acabó con la implantación de la maquinaria agrícola. Ello, sin esperarlo, los sumió en una incertidumbre económica que los llevó a la marginación, a la pobreza, al rechazo y por supuesto al antigitanismo. Esta ruina económica nos colocó en ese otro lado donde la sociedad mayoritaria nos quiere invisibles.

Pero lo más paradójico de todo esto es que mientras la sociedad española aún nos mantiene en ese injustificable letargo, en esa pretendida invisibilidad, los gitanos, por aquello de la ley natural de la compensación utilitaria, hemos devuelto a esa sociedad, sin que nos tiemble la voz, una de las cumbres literarias y musicales más consoladoras que existen. El flamenco. El arte gitano es el arte del consuelo. Este contrasentido del destino nos convierte en los consoladores de aquellos que nos desprecian.

Dice Caballero Bonald al respecto.

“Los gitanos son los verdaderos creadores del arte flamenco. Sin su tensión racial, su disposición natural para el ritmo heredado de las ragas hindúes, y sin el alcance del consuelo de sus letras, de su memoria individual y colectiva, el cante gitano, no sería una de las músicas más hermosas del mundo.”

Si a Bob Dylan le concedieron el Nobel de Literatura por las letras de sus canciones, a las letras del cante gitano, Patrimonio inmaterial de la Humanidad, había que concedérselo también, y por qué no, como se lo han concedido al admirado Serrat con sus maravillosas letras, el premio princesa de Asturias a las letras gitanas.

No tenemos una historiografía documentada, un libro al que podamos calificar de verdadero relato. Todos sabemos por qué. En cambio, sí tenemos la memoria de lo vivido establecida en las letras de esos cantes que hablan y definen nuestra historia. Esa es nuestra gran aportación al acervo cultural español y universal. Esas letras expresan el dolor y la alegría de unos seres humanos que, a pesar de todo, solo quieren vivir en paz. Tenemos poetas, pintoras, cantaores, escritores, músicos, ensayistas y filósofos de la vida que nos han dejado la obra de su experiencia, gitanos y gitanas que han contado la historia de este país mediante sus creaciones: una fuente caudalosa de información servirá para asentar las bases de la Historia general de los gitanos españoles. Reunamos ese legado y creemos un fondo real de nuestro paso por el mundo, en las voces de quienes nos dejaron escrita la memoria de nuestro pueblo.

Aprovecho la ocasión que se me brinda para alentar y pedir a los gitanos y gitanas que han tenido la oportunidad de acceder, por sus estudios, preparación y vivencias, a dar testimonio de nuestra historia. La historia, todos lo sabemos, se reescribe. Tenemos en nuestras manos el poder y la voluntad de hacerlo. Decía antes que las historias oficiales, muchas de ellas y no pocas, están basadas en verdades inventadas y en hechos convenientes. Hagámoslo también nosotros, del mismo modo y con el mismo derecho que ellos. Contribuyamos, con sabiduría y aliento, a poner en el mapa de la historia nuestra verdad. Solo se necesitan dos sencillas cosas: crear un fondo, un archivo de ese legado para darnos cuenta de que la interculturalidad necesita de nuestro tributo para que se reconozca de una puñetera vez quienes fuimos y quienes somos. Creo que es el momento. Después de 600 años de siembra en este país, tenemos derecho de recoger la cosecha.

Por lo tanto, apelo a las nuevas generaciones de músicos, poetas, historiadores, sociólogos, pintores y a todos los creadores y creadoras gitanas a dar testimonio de nuestra identidad. La cultura de un pueblo es su mayor herencia. Preservarla es redimir la historia. Los pueblos sin historia no existen.

El poder nos quiere tristes, necesita de la tristeza porque puede dominarla. La alegría, sin embargo, fue y continúa siendo la expresión colectiva de nuestra permanente resistencia. Contra dolor, alegría. Estamos aquí para celebrar la vida y poner voz al silencio.

Como hizo José Heredia Maya, nuestro gran poeta gitano.

Aunque sea reciente mi carné
yo nací hace milenios:
cuando despacio al paso de la bestia
el horizonte se horadaba.

Cuando la muerte
era un signo de Dios omnipotente
y no un signo de Dios exterminando
(es posible que no existiera Dios
todavía en la mente de los hombres).

Cuando los niños
jugaban con la luna
y todos con la misma se acostaban.

Cuando decir yo, espiga
o Federico era lo mismo.

Cuando el mar y su canto era la miel
de todo oído y paladar bien hechos.

Cuando Ulises y Sancho no existían.

Cuando la Tierra era una estrella
y no un soporte
de mendigos de muertos
de famélicas madres de animales terribles
y no un soporte digo
de negros de amarillos y de blancos
y dentro de los blancos
moros indios y gitanos entre otros.

Cuando las cosas eran más de Dios
y más de todos.

Cuando nací ya hace milenios
aunque sea reciente mi carné
todo era mucho más hermoso
pero aquello duró
lo que un relámpago
o tal vez menos.

O como dice Günter Grass, premio Nobel de Literatura.

“A la etnia gitana, la más pródiga y antigua afincada en Europa, imbuida por una envidiable aspiración de libertad y alforja de la más exquisita cultura, la seguimos dando por contraria por no acatar nuestras leyes y rebelarse con pericia a nuestras normas. Oriundos del Indo, de la primera luz de nuestra civilización, lucen con honra en la frente la flor de su estirpe. Saben cómo nadie que la vida es un guiño del sol y proclaman a los cuatro vientos que para ser verdaderamente libres no hay que poseer ni tumba ni casa y vivir el presente intensamente para disfrutar del hermoso regalo de la vida.”

Quiero concluir leyendo el discurso de un gitano universal al que todos conocemos y admiramos.

Las palabras de Charles Chaplin nos siguen conmoviendo, y aquí, donde es posible, a estas alturas, y a mi edad, quiero hacerlas mías.

“Los seres humanos tenemos el deber de ayudarnos los unos a los otros. De hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No debemos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos: la Tierra es rica y puede alimentarnos a todos. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero la codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio y nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas de inocentes.

Hemos progresado muy   mal. El conocimiento nos ha hecho cínicos y la inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Necesitamos de la bondad para reconocer que todos los hombres somos iguales. Sin esta cualidad, la vida será violenta. Mi voz quiere llegar a los marginados que luchan por su libertad, a mujeres y niños víctimas de un sistema criminal que quiere acabar con la inocencia. El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le devolverá al pueblo, y, así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá.

No os entreguéis a los que os desprecian. No os entreguéis a estos individuos inhumanos sin corazón. Somos hombres y mujeres que llevamos dentro de cada uno el amor, no el odio. Tenemos el poder de crear felicidad, de hacer que esta vida sea libre para convertirla en una hermosa aventura.

En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo digno y noble que garantice a todos los hombres y a todas las mujeres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad.”

Decía el gitano.

Desde el arte y la cultura podemos derribar las barreras del odio y eliminar la intolerancia.

Casi todas las noches, a estas alturas, y a mi edad, sigo soñando con volver a ese país donde dicen que el sol sale detrás de una oscura montaña y donde dicen que vivíamos felices bajo la tienda azul del cielo…

¡Vivan los buenos gitanos y los payos buenos!

 

Gracias.

Barcelona, 9 de diciembre de 2024.

Palau Macaya.

600 años de resistencia: El pueblo gitano en la península ibérica

by Ismael Cortés Gómez

“La Vie errante des Bohémiens ou Les Marches Égyptiennes” de Jaques Callot. Petit Palais, musée des Beaux-arts de la Ville de Paris.

“La Vie errante des Bohémiens ou Les Marches Égyptiennes”, de Jaques Callot. Fuente: Petit Palais, musée des Beaux-arts de la Ville de Paris.

 

El 12 de enero de 1425, un documento firmado por el papa Martín V y ratificado por los reyes de Aragón, Navarra y Castilla marcó la llegada documentada del pueblo gitano a la península ibérica. Este salvoconducto otorgaba protección a un grupo de familias gitanas itinerantes que se identificaban como peregrinos en su camino a Compostela. Sin embargo, esta acogida duró poco. Con la fundación de la Inquisición en 1478 y la promulgación de la primera pragmática antigitana en 1499, firmada en Madrid por los Reyes Católicos, se inició un ciclo de persecución y violencia institucional que se prolongaría durante siglos.

Las distintas pragmáticas reales -alrededor de trescientas- prohibieron la lengua y la indumentaria, así como las tradiciones y los oficios gitanos; y forzaron a las comunidades gitanas a una imposible integración en un sistema social y administrativo que no les daba cabida. Los castigos reiterados iban desde la esclavitud hasta el destierro o la pena de muerte. La seriación legislativa antigitana ha buscado coartar la libertad de las comunidades gitanas, eliminar su identidad y su cultura; e incluso su aniquilación física (genocidio) con episodios ampliamente documentados como el Proyecto de Exterminio o Gran Redada de 1749: un intento deliberado de liquidación de todo un grupo étnico, perpetrado en distintos territorios peninsulares bajo la corona de Fernando VI, pergeñado por el Marqués de la Ensenada, que separó a miles de familias, dividiéndolas sistemáticamente por género y por grupos de edad, y las condenó a trabajos forzados o a la esclavitud en galeras en condiciones inhumanas.

Las últimas medidas administrativas y penitenciarias contra el pueblo gitano se extienden hasta la segunda mitad del siglo XX, y fueron emitidas por el régimen fascista, durante la dictadura franquista, suprimiendo la presunción de inocencia y persiguiendo la lengua y los oficios tradicionales gitanos. El antigitanismo, alimentado por siglos de persecución, sigue siendo hoy una de las formas de racismo más persistentes en Europa. Esta discriminación estructural ha perpetuado estereotipos que presentan al pueblo gitano como una amenaza social, justificando tanto las formas de segregación urbana, así como las formas de exclusión institucional o los estallidos racistas de violencia física y simbólica.

El reconocimiento del antigitanismo como delito de odio en el Código Penal español, en 2022, supuso un paso crucial en la lucha contra esta forma específica de racismo. La Ley Orgánica 15/2022, de 6 de julio, marcó un hito al incluir explícitamente el antigitanismo como agravante (art. 22.4) y como delito de odio (art. 510). Esta ley no solo reconoce la particular forma de discriminación sufrida por el pueblo gitano, sino que también dota al sistema jurídico de herramientas más claras para identificar, perseguir y sancionar las formas criminales de antigitanismo. Este avance legislativo es fundamental para garantizar una respuesta más efectiva a las agresiones físicas, ataques simbólicos y discriminación institucional que han afectado históricamente al pueblo gitano. Especialmente, la formación sobre el antigitanismo ha de incluirse en el trabajo cotidiano de las Fiscalías contra los Delitos de Odio, en tanto en cuanto, éstas son las unidades especializadas dentro del sistema judicial que se encargan de investigar, perseguir y sancionar los delitos motivados por el odio.

Este avance legal debe complementarse con acciones que transformen tanto las estructuras institucionales como la opinión pública. El Código Penal es una herramienta importante dentro de cualquier Estado de derecho, pero su impacto depende de un cambio cultural y estructural más profundo que abarque todos los niveles de la sociedad.

  • Concienciación cívica: Es imprescindible fomentar campañas de sensibilización tanto a nivel escolar como a nivel mediático, que desmonten los prejuicios racistas sobre el pueblo gitano y promuevan el respeto por la diversidad cultural.
  • Capacitación jurídica: Jueces, fiscales y policías deben recibir formación específica para identificar y combatir el antigitanismo en todas sus manifestaciones.
  • Acción institucional: Los casos de delitos de odio contra los gitanos deben ser tratados con la máxima diligencia, asegurando que se haga justicia y que se erradiquen las barreras estructurales que perpetúan la discriminación.

Si observamos el contexto catalán, el artículo 47 del Estatuto de Autonomía reconoce explícitamente al pueblo gitano como parte integrante de la sociedad catalana: “Los poderes públicos deben velar por el reconocimiento del pueblo gitano como parte integrante de la sociedad catalana, para la preservación y el desarrollo de su identidad cultural, sus tradiciones y su lengua.” Este reconocimiento legal subraya la contribución histórica y cultural del pueblo gitano, y establece una base para desarrollar políticas específicas que promuevan su inclusión activa en todos los ámbitos de la vida en común. Para dar un impulso a este reconocimiento, es fundamental implementar avances institucionales pendientes:

  • Representación política: Asegurar la participación de la ciudadanía gitana en las instituciones democráticas, promoviendo su acceso a cargos de responsabilidad administrativa y/o de representación en las instituciones de autogobierno de la Generalitat.
  • Promoción cultural: Crear espacios culturales dedicados a preservar y celebrar la memoria y la identidad gitana como parte esencial del patrimonio de Cataluña.
  • Ciudadanía inclusiva: Impulsar programas que conecten a las comunidades gitanas con recursos educativos, laborales y sociales, alineados con los estándares internacionales de derechos humanos.

Desde otro punto de vista, el Pacto de Estado contra el Antigitanismo, aprobado en marzo de 2023 por el Congreso de los Diputados, representa un esfuerzo crucial para combatir siglos de discriminación estructural. Este pacto, que incluye 158 medidas concretas, busca garantizar la igualdad y combatir el racismo antigitano en todas sus formas. Entre las medidas más destacadas se encuentra el punto segundo, que propone un acto ceremonial presidido por la figura institucional del monarca, Felipe VI; quien como actual jefe del Estado tendría la potestad para simbolizar la ruptura con una historia trágica, de persecución y de violencia institucional antigitana. Este gesto -escenificado desde las altas instituciones del Estado- sería un reconocimiento de los horrores históricos y marcaría el compromiso del Estado con un nuevo tiempo democrático basado en el pleno respeto hacia el pueblo gitano. Además, el Pacto de Estado contra el Antigitanismo incluye entre otras iniciativas:

  • Reformar las políticas educativas y laborales, promoviendo la igualdad de oportunidades para las comunidades y las personas gitanas.
  • Fortalecer los mecanismos legales contra el antigitanismo, asegurando que los casos de discriminación sean tratados con rigor y justicia.
  • Fomentar la recuperación y promoción de la lengua y la cultura gitanas como parte del patrimonio común compartido.

Situándonos en una perspectiva estatal, la Ley de Memoria Democrática (20/2022, de 19 de octubre) establece la creación de una Comisión de Memoria y Reconciliación con el Pueblo Gitano, con el objetivo de documentar y visibilizar los siglos de persecución. Para que esta comisión sea efectiva, es imprescindible que las comunidades gitanas lideren los procesos de recuperación de su historia. Algunas de las acciones prioritarias deberían incluir:

  • La creación de archivos vivos y museos que recojan y preserven la memoria del pueblo gitano.
  • La integración de su historia en el currículo educativo, asegurando que las nuevas generaciones comprendan y valoren su contribución a los distintos territorios y naciones históricas del Estado.
  • El desarrollo de iniciativas culturales que celebren su resistencia y resiliencia a lo largo de los siglos.

La memoria no solo es un acto de reparación simbólica, sino una herramienta para construir un marco cultural compartido que reconozca la diversidad como un valor esencial, para fortalecer la democracia frente a las amenazas totalitarias. Precisamente, en términos democráticos, la exclusión histórica del pueblo gitano tanto de los espacios de representación política, así como de las funciones de gestión propias de las instituciones de gobierno, refleja una fractura en los principios fundamentales de la igualdad y la no-discriminación.

Desafortunadamente, el 12 de enero de 1425, fecha que marcó el registro oficial de la entrada del pueblo Gitano en el Reino de Aragón, no fue el inicio de una relación de respeto, sino que inició un complejo y violento proceso histórico de persecución y resistencia. La resiliencia del pueblo gitano durante 600 años es un testimonio de su fortaleza y de su determinación. Reconocer su historia, garantizar sus derechos y celebrar su cultura es un deber del Estado y una oportunidad para construir una democracia que valore la diversidad como su mayor fortaleza. La igualdad no es un punto de partida, sino un horizonte que debemos construir juntos.

En este camino hacia la igualdad, la inclusión del pueblo gitano como una nacionalidad histórica en el Título VIII de la Constitución Española representaría una oportunidad única, para reforzar los valores democráticos y el compromiso con la justicia social, en un marco de pluralismo y reconocimiento de la diversidad. El pueblo Gitano, que este año cumple precisamente seis siglos de arraigo en el tejido social y cultural de la península Ibérica, constituye un elemento esencial de la identidad colectiva del país. Su historia de resiliencia frente a la exclusión y la discriminación, junto con su contribución al patrimonio cultural y su presencia extendida por todos los territorios del Estado, reclama un reconocimiento institucional que garantice sus derechos políticos, culturales y sociales. Este paso, además de subsanar una deuda histórica, permitiría fortalecer la cohesión social mediante la integración plena de todas las voces en el espacio público, respetando la igualdad en la diferencia.

Reconocer al pueblo gitano como nacionalidad histórica no solo responde a una necesidad de justicia, sino que también se alinea con experiencias internacionales que han sabido incorporar a comunidades históricamente marginadas como actores plenos en la esfera democrática. Diversos ordenamientos jurídicos europeos y latinoamericanos han establecido precedentes que evidencian los beneficios de otorgar derechos específicos a comunidades con una identidad diferenciada, reforzando su participación y garantizando la protección de su lengua y su cultura. El Estado español y las naciones que lo conforman, por la relevancia histórica y cultural del pueblo gitano en su configuración social, tienen una responsabilidad particular en liderar este proceso. A través de un reconocimiento efectivo, acompañado de políticas inclusivas y medidas concretas, sería posible no solo reparar siglos de exclusión, sino también avanzar hacia una sociedad más justa y plural; en la que la diversidad no sea una excepción tolerada, sino un pilar fundamental del bien común.

 

 

Rosa Parks, la Motown, los gitanos y el flamenco

by Juan José Suárez Laso

Rosa Parks

Una fucking jodida tarde del uno de diciembre de 1955, Rosa Parks, una hermosa mujer negra con una preciosa florecilla en su pelo no quiso levantarse de su asiento en un autobús de línea para que un blanco, según obligaban las leyes de segregación de los EEUU de América, se sentara en él. Los asientos de la parte delantera de cualquier autobús estaban reservados para los blancos. Era una fucking jodida tarde fría en Montgomery, Estado de Alabama, en el profundo sur del profundo y jodido fucking racismo americano. Ella no estaba cansada después de un largo día de trabajo al servicio de los blancos, lo que estaba era harta de tener que rendirse a la voluntad de cada blanco en todos sus días. Llegó la policía, la detuvieron y estuvo en la cárcel unos días. Las mujeres negras de Estados Unidos vieron en este hecho la ambición de cambiar sus días, sus noches y sus espíritus jodidos.

Ese día cambió la historia del mundo, también la de la música ya que, desde esa tarde de invierno, las mejores voces negras y los mejores compositores de la música norteamericana empezaron a cantar y a componer de otra forma. Sus letras, sus melodías y su rabia dieron lugar a un nuevo sonido, fresco y liberador que trajo el nacimiento, poco después, de un sello discográfico desde donde todas estas intérpretes cambiaron el jodido fucking espíritu del mundo. Y digo del mundo porque la repercusión que tuvieron sus canciones hizo sentirse negra al resto de la humanidad.

Aquí no hablaré de la capacidad de la música de trascender todos los códigos, leyes y prejuicios. Hoy solo quiero reflexionar de la trascendencia de la Motown, ese sello discográfico que tomó este pequeño acto de Rosa Parks para devolver el fucking odio racial al resto del mundo transformado en amor y música, en belleza y reivindicación, en acción política a través de canciones que tuvieron un éxito brutal por todos los rincones del planeta. Todos, blancos y negros, bailaron al ritmo de esas canciones.

La Motown Record es un sello discográfico estadounidense fundado por Berry Gordy Jr. en 1960. Su primera sede la tuvo en Detroit. La Motown desempeñó un papel importante en la integración racial de la música popular negra americana. En la década de 1960 crearon un nuevo sonido Soul. En esa década colocó 79 discos en el top-ten, la lista de éxitos del país. De 1961 a 1971 algunas de las artistas que grabaron en el estudio de este sello fueron The Supremes, con Diana Ross, Las Four Tops, los Jackson Five, Stevie Wonder, The Miracles, Marvin Gaye, The Marvelettes, The Temptation, Otis Redding, Lionel Ritchie, y muchas otras solistas y grupos que han transformado el siglo veinte y han destruido algunas barreras raciales.

Smokey Robinson, uno de los creadores del sello, decía: “En los años sesenta, yo aún no era consciente de que no sólo hacíamos música, sino también historia. Reconocí los puentes que cruzamos, los problemas raciales y las barreras que derribamos con la música. Lo reconocí porque lo viví. Iba al sur en los primeros tiempos de la Motown y el público estaba segregado. Luego empezaron a escuchar la música de nuestro sello y cuando volvíamos al hermoso sur, el público estaba integrado y los niños bailaban juntos y se cogían de la mano.”

Esta discográfica se especializó en el Soul y creó un sonido identificable denominado Sonido Motown que solía utilizar panderetas para acentuar el ritmo de fondo, líneas de bajo eléctrico prominentes, a menudo melódicas, con estructuras y acordes distintivos y un estilo de canto llamada y respuesta que tenía su origen en la música Góspel. En 1971, Jon Landau, el crítico de la revista Rolling Stones, escribió que este sonido consistía en canciones con estructuras sencillas pero con melodías sofisticadas, junto a un patrón de batería de cuatro tiempos, el uso regular de vientos y cuerdas, y un estilo de mezcla de los agudos que se basaba en gran medida en la limitación y ecualización electrónicas (aumento de las frecuencias de gama alta) para dar a la creación un sonido distintivo particularmente eficaz para su difusión por la radio AM. También se utilizaron técnicas de producción Pop, como el uso de secciones de cuerdas orquestales, secciones de trompa y voces de fondo cuidadosamente arregladas. Se evitaban los arreglos complejos y los riffs vocales elaborados y melismáticos. Los creadores del sonido Motown creían firmemente en el principio “Keep it Simple, Stupid!”.

Y es que La Motown es algo más que una compañía discográfica. Supuso en su momento una auténtica revolución más allá de la música. Sus pegadizos temas llenaron los puestos más altos de las listas de éxitos, antes solo reservadas a artistas blancos. De esta manera, el sonido Motown se convirtió en la banda sonora de la lucha por los derechos civiles y contra la segregación racial. Hoy en día, en EEUU, parte importante de la gran industria musical está dirigida por músicos negros que supieron desarrollar y continuar con el legado de esos abuelos negros de los cincuenta. Siguen contando sus historias a través de sus canciones. Siguen reivindicándose y ocupando el lugar del creador en una sociedad que necesita de una figura así para seguir avanzando.

Los gitanos lograron con su cante, hace cerca de doscientos años, que un sonido nacido en las casas gitanas cambiara el espíritu de una época y de un país como España. Aquí toda una sociedad, una cultura se rindió ante el sonido malherido de tanta crueldad y sumisión. El nacimiento del Flamenco es la salida a la calle del dolor de un grupo bendecido por la música y que a través de ella airea su herida para curarla. En cierta zona de Andalucía, desde finales del siglo diecinueve se vivió el cante gitano como una revolución espiritual que mudó al resto del mundo, y es que en Europa, en Japón, en EEUU y en otros muchos países, el Flamenco ha sido y es una música amada, reconocida y que entusiasma al público. ¿Qué fuerza hace que un cante gitano transforme la vida de un filipino, de un chino, de un payo? De esto tampoco hablaré. No puedo, no tengo espacio.

Pero tengo otra pregunta que hacer. ¿Qué ha pasado para que esta música nuestra haya quedado estancada y sin desarrollo a partir de los ochenta y noventa? Llevamos cerca de treinta años sin reconocer al gitano en una dimensión profunda desde su música. ¿Dónde ha quedado escondida, tapada y oculta esa fuerza musical? ¿Qué es lo que ha hecho que el gitano y la gitana dejara de cantar su dolor y dejara de enamorar y cambiar a la gente? Preguntas que me hago porque veo que el Flamenco ha desaparido, porque no hay industria musical dirigida por gitanos desde donde poder ocupar ámbitos de poder social. Y los hubo, porque en los primeros años del siglo veinte, eran los gitanos y las gitanas las que grababan en estudio, creaban industria y desarrollaban un sonido propio desde su creación artística. Y tenían un cierto reconocimiento y poder social. Escúchese las grabaciones de Pastora Pavón, la Niña de los Peines, o de su hermano Tomás Pavón y reconoceremos un sonido de estudio diferente y único creado por los ingenieros de las casas de discos de la época junto a estos artistas que dejaban impronta y exigían un sonido concreto en sus producciones y proyectos musicales. Eran, por lo que cuentan las crónicas, muy rigurosos y orgullosos en sus creaciones.

Años más tarde, Antonio Mairena y Manolo Caracol ocupan el lugar del profesional, del artista que se entrega a su proyección comercial y social creando, ambos, una competencia estilística y vital seguramente dosificada y manipulada para que la repercusión fuera la máxima posible. Recordamos a los “mairenistas” y a los “caracoleros” como esas familias irreconciliables que defendían un tipo de cante, un tipo de Flamenco y, al fin, un tipo de proyección social del gitano y la gitana en el mundo. Mairena desde la Universidad dando conferencias sobre el Flamenco más abierto y universal, y Caracol matizando los “soníos negros” como reclamación del Flamenco puro hecho por gitanos. Nos enseñaban a ser gitanos y gitanas en un mundo que cambiaba y era cambiado, de nuestra postura y colocación en el mundo para seguir transformándolo y enmendándolo.

Luego, en los setenta, recordamos a Lole y Manuel, el sonido de Sevilla con el rock andaluz en ciernes o el rock progresivo como bandera, a los Smash, una época hippie que generó agrupaciones musicales gitanas propias, con sus letras y su sonido. Esos hippies gitanos enseñaron a ser hippies a una generación entera de gitanas y gitanos, les enseñaron a estar en el mundo y a posicionarse en él a través de su obra artística. Los Pata Negra después, en la Sevilla de los ochenta, y para el resto del mundo. Camarón y su experimento social “La Leyenda del Tiempo”. Los propios gitanos y gitanas iban a devolver el Lp a las tiendas de discos porque no entendían tal manifiesto vanguardista. Y eran los propios gitanos los que hacían las producciones, creaban el ambiente necesario para que estos mensajes llegaran. Las Grecas, Los Chorbos, Los Chichos, el sonido Cañorroto de Madrid, muy en la línea estilistica de la Motown por cierto. Solo hay que escuchar aquellos discos y nos asomamos a un ejercicio de traer a España el sonido Motown. En el Madrid de aquellos setenta se veía a gitanos y gitanas vistiendo como los negros de Harlem o el Bronx. Ketama y La Barbería del Sur ya en los noventa con su enorme éxito comercial y giras de primera categoría por el mundo entero. Yo me crie con ellos y puedo decir que me enamoré escuchando una canción de Ketama. Ellos me enseñaron a enamorarme. Y ahí termina la industria musical gitana que no se ha repuesto, no ha continuado o no ha sabido mantenerse. Sellos discográficos que apostaron por una energía que provenía de los propios intérpretes y grupos musicales gitanos, una energía creativa y reivindicativa de cómo ha de situarse el gitano en el mundo.

Los negros, con su industria, continúan generando espíritu e ideas. Los gitanos españoles transformaron el mundo un día, soltaron su odio para transformarlo en amor, pero han dejado de intervenir e influir en la sociedad a base de no tomar al asalto aquello que les pertenece, el Flamenco. Así nuestras reivindicaciones siguen el cauce seco y corto de la política y han dejado de llevarlas por la amplia y fructífera música. Y solo se necesita un fucking jodido estudio de música, gestionado por gitanos, desde donde transformar el Flamenco a un sonido actual y contar, desde producciones cuidadas, nuestras ideas, protestas, quejas más íntimas y contemporáneas. Y creo profundamente en que el gitano, lejos de ser un mal político, es un excelente músico y creador de arte, de proyectos artísticos que calan en la sociedad y la convierten en más sensible, humilde y rica.

Y me diréis, ¿quién puede gestionar un sello discográfico desde donde crear proyectos musicales de intérpretes gitanas y gitanos que generen un buen contenido? ¿Quién puede hacer de ello un éxito comercial con una difusión amplia? Pues no lo sé. Pero sí sé que en cuanto vengan dos o tres primos y primas listas, que no tienen nada que ver con la música y sus entrañas, y que estarán puestas ahí porque han hecho un grado superior en Formación Profesional o son las hijas o hijos de los aburridos gitanos que ocupan un lugar de poder, todo se fucking joderá para dar paso a un aburrido conato de sello discográfico sin ninguna potencia de espíritu, sin potencia musical. Y lo sé porque conozco a estos listos y listas, ¡están por todas partes! y me descubro angustiado al decirlo temiendo que también metan su mediocridad en mi amada Música.

¡No señores! ¡No señoras! Aquí se necesita de músicos que activen producciones musicales con criterio, verdad y talento, que graben a intérpretes y compositores de diferente procedencia y personalidad, pero que tengan algo que decir y, sobre todo, se necesita de personas que tengan un concepto claro de cómo crear un nuevo sonido musical que haga que nuestras reivindicaciones lleguen directamente a través del alma. Da igual el estilo, da igual el salto mortal que haya que hacer, lo importante es crear una pequeña industria musical gitana, un sello discográfico que vaya creciendo con criterio y valor creativo. Si no cambia el Flamenco, éste morirá como lo está haciendo, y ya no tendremos fucking jodida voz con la que disparar y expresar lo que somos. La política, esa vieja moribunda, no es el camino. La radiante música sí lo es. Los negros en los años cincuenta y sesenta lo supieron hacer y ahora continúan con un legado del que nadie duda que es negro de raíz. Los gitanos se han dejado robar su único y más reconocible gesto cultural, espiritual y universal. Y el Flamenco está a punto de desaparecer como instrumento de poder y protesta que cambie nuestro fucking jodido mundo.

Desde aquí a todas las Rosas Parks del mundo que nos ayudaron con un leve gesto a reconocernos independientes, libres y conscientes. Y desde aquí convocar a los gitanos y a las gitanas a pensar acerca de lo que debería ser gestionado por nosotros mismos.